Asirio

Lamasu asirio. Imagen de Yigit Koroglu


En la antigua civilización asiria ya era conocida la figura del lamasu, en ocasiones representado por un león alado en lugar de un toro. Esto no es de extrañar si se tiene en cuenta que la figura del león reflejaba el poder del soberano.

De hecho, se piensa que el lamasu con cuerpo de león es la versión mesopotámica de la esfinge que, siglos más tarde, la cultura griega rescató en su forma femenina.

En ambos casos, toro o león, este ser estaba considerado un espíritu defensor y sus estatuas se destinaban a custodiar las entradas de templos y palacios reales.

Características del lamasu

El lamasu es un verdadero protector contra el mal. Estas criaturas tienen una habilidad especial para detectar el peligro acechando a seres de buen corazón, y no dudan en atacar y enfrentarse a cualquier ser con malvadas intenciones.

Son meditativos, tranquilos y solitarios. Habitan en templos abandonados y alejados de la civilización. Cuentan con una enorme sabiduría amasada durante años. Saben de leyes, orden y diplomacia, y ofrecen sus conocimientos ancestrales a quienes los necesiten.

Lamasu. Imagen de Mark Zug

Poseen, además, capacidades mágicas que les permiten crear círculos protectores, así como realizar conjuros que alejen el mal de otro ser.  Tienen también desarrolladas las habilidades curativas y regeneradoras.

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